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Ljubljana, capital de Eslovenia, es una ciudad que sorprende con su encanto relajado y su aire artístico. Su centro histórico, adornado con puentes sobre el río Ljubljanica y edificios de colores pastel, invita a recorrerlo a pie o en bicicleta. La ciudad se distingue por su sostenibilidad: gran parte de su centro es peatonal y está lleno de terrazas, cafés y mercados que reflejan la vida local.
Más allá de su tamaño compacto, Ljubljana tiene una escena cultural vibrante con galerías, festivales y espacios alternativos como Metelkova. Es una base perfecta para explorar los Alpes Julianos y el lago Bled, pero al mismo tiempo es un destino que se disfruta en sí mismo por su ambiente joven, cosmopolita y acogedor.
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